Hay decisiones en el aula que parecen pequeñas, casi insignificantes, pero que lo cambian todo.
Durante mis primeros años como docente de FP, una de las decisiones que más me costaba tomar era esta: ¿por dónde empiezo a diseñar e impartir una Unidad de Trabajo?
La respuesta parecía clara: por los contenidos. Recopilaba libros sobre los módulos que tenía que impartir, revisaba sus índices y organizaba las clases siguiendo más o menos el orden que establecían. Era lo más lógico… o eso pensaba entonces.
Con el tiempo me di cuenta de que esa decisión condicionaba todo lo demás: el tipo de actividades que proponía, la forma en la que participaba el alumnado y, sobre todo, el sentido que tenía lo que hacíamos en el aula.
Es por ello por lo que me gustaría compartir contigo cómo diseñar clases más coherentes, con más transferencia al mundo profesional y con mayor implicación del alumnado, sin necesidad de tener que modificar toda tu programación, solo con pequeñas decisiones.
El problema de empezar por los contenidos
Empezar por los contenidos no es un error en sí mismo. El problema aparece cuando esos contenidos, desconectados del contexto real del alumnado, se convierten en el centro del aprendizaje.
Puedes explicar perfectamente un concepto, un procedimiento o una técnica concreta, y aun así encontrarte con que, cuando el alumnado tiene que aplicarlo en una situación real o simulada, se bloquea, le genera inseguridad. No porque no haya escuchado la explicación, sino porque no ha entendido para qué sirve eso que ha aprendido.
El por qué y para qué
El cambio que comenzó a darle sentido a mis clases fue sencillo: en vez de centrarme en el temario, empecé a pensar en situaciones reales concretas que mi alumnado viviría en su futuro profesional.
A veces es tan simple como plantearles un problema muy próximo a su realidad o una tarea que pueda darse perfectamente en un entorno laboral real. ¿Y qué estrategia me ayudó a llevar a la práctica este cambio?
Cada vez que tenía que diseñar e impartir una clase, comenzaba haciéndome estas dos preguntas:
- ¿Por qué necesitan aprender esto? Respondiendo a esta pregunta, empecé a diseñar experiencias de aprendizajes que respondían a una necesidad real de su sector productivo.
- ¿Para qué les va a servir en su futuro profesional? De esta forma, el alumnado entendía mejor el sentido de lo que hacíamos, empezaron a desarrollar las competencias necesarias para resolver el problema e incluso las clases les resultaban más atractivas.
Diseña con criterio
Introducir estas dos preguntas en tu día a día como docente no convierte automáticamente tus clases en “innovadoras”, ni garantiza que todo funcione desde el primer momento.
Lo que sí estoy seguro es que puede ayudarte a algo muy importante: a tener un criterio claro para diseñarlas.
La próxima vez que prepares una clase, además de darle un sentido claro con el por qué y para qué, pregúntate esto:
¿Qué situación profesional real podría dar sentido a lo que voy a enseñar hoy?
Si empiezas por ahí, no solo cambiará la forma en que aprende tu alumnado. También cambiará la forma en que tú entiendes tu papel como docente de FP.
En Hosteledu he hablado muchas veces de proyectos, estrategias para motivar a tu alumnado o cómo transformar tu forma de evaluar. Este post no pretende añadir nada nuevo, sino ayudarte a tomar una decisión que puede cambiar tu forma de enseñar en FP.
Si esta estrategia te parece interesante, no dejes de compartirla con tus compañeros/as docentes. Juntos podemos transformar la Formación Profesional.
