Estoy seguro de que, con toda la reforma del nuevo sistema de Formación Profesional, tú tú también has pensado algo no termina de encajar. Para que la FP se parezca un poco más a la realidad profesional que se va a encontrar nuestro alumnado necesitamos, además de una nueva normativa, una transformación profunda del sistema.
Si seguimos desarrollando una formación estructurada en módulos independientes y estancos, con horarios rígidos que no permiten avanzar en los proyectos y retos propuestos, y con un enfoque más propio de una «cadena de montaje», los resultados seguirán siendo los mismos, por mucho que la nueva ley de FP promueva otro marco distinto.
¿Por qué cambiar? La incomodidad del horario convencional
Durante muchos años -y todavía en la mayor parte de los centros de FP- la organización de los planes de estudio de FP se ha basado en módulos profesionales cuyos contenidos se imparten de forma aislada. Esta estructura limita seriamente la implementación de innovaciones pedagógicas en el aula: tiempos rígidos, horarios organizados en sesiones de 55-60 minutos y procesos repetitivos que acaban generando aprendizajes superficiales y poco conectados con el contexto real del alumnado.
Un proyecto real no entiende de sesiones de 60 minutos ni de conocimientos fragmentados sin un sentido claro de por qué y para qué. Un proyecto necesita tiempo, distintos ritmos y ajustes continuos. Y la única forma de que de que pueda desarrollarse sin interrupciones constantes es permitir horas de trabajo ininterrumpido y horarios flexibles que no dependan de que suene el timbre.
¿Cómo debería ser? Un sistema ágil y flexible
El nuevo sistema de FP debería entenderse como una comunidad de aprendizaje viva, vinculada a la realidad cercana de los estudiantes, con horarios flexibles adaptados tanto a los ritmos de aprendizaje como a las necesidades reales de cada proyecto.
Y aquí surge una duda habitual. Muchos docentes de FP tememos que «la normativa» no nos permita innovar ni transformar nuestras clases. Sin embargo, el Real Decreto 659/2023 aborda de forma clara la flexibilización de horarios y la agilización del sistema:
- El artículo 11.2 deja claro que los módulos profesionales no tienen por qué mantenerse como unidades independientes en la programación; los centros pueden organizarse con metodologías activas sin diferenciar módulos, siempre que se respeten los resultados de aprendizaje.
- El artículo 10.1 promueve explícitamente el uso de metodologías activas basadas en proyectos y retos próximos a la realidad productiva, y contempla la adaptación de los currículos por parte de los centros, dejando la posibilidad que se elaboren modelos abiertos de programación docente.
- En su artículo 10.3, el Real Decreto otorga a los centros autonomía para adoptar innovaciones pedagógicas, planes de trabajo y la ampliación del horario lectivo de los módulos cuando los proyectos lo requieran.
Conocer este marco no te convierte en innovador, pero sí te da seguridad pedagógica y legal para decidir.
3 claves para comenzar a transformarlo
Para transformar con éxito una FP rígida en una FP flexible es imprescindible actuar sobre determinados aspectos fundamentales para que el sistema deje de funcionar como una «fábrica» y pase a ser un sistema abierto y vivo.
Los 3 aspectos clave que considero importantes para comenzar este proceso de cambio son:
1. Deja de ver tu programaciones como un listado de módulos aislados. La acción más potente para ganar flexibilidad es dejar de tratar los módulos como compartimentos estancos. Según el artículo 10.2 del Real Decreto 659/2023, el módulo profesional no tiene por qué mantenerse como una unidad independiente en la programación. Rediseña tus clases por proyectos intermodulares en los que el alumnado resuelva problemas reales activando su curiosidad y creatividad, teniendo en cuenta la interdisciplinariedad de los módulos que componen el ciclo formativo.
2. Rompe el horario rígido y elimina el timbre cada hora. Habla con tu equipo docente para crear bloques horarios más extensos que permitan a los alumnos aprender sin interrupciones y adaptando el ritmo al progreso real de cada estudiante. Esto va a permitir que tu alumnado aprenda las cosas de manera significativa, obteniendo resultados tangibles en lugar de correr para cubrir el temario. No tengas miedo de «romper» el horario si un proyecto lo requiere.
3. Transforma tu rol como docente. Nada de esto funcionará si el profesorado no cambia su mentalidad de mero transmisor de conocimientos a facilitador de experiencias de aprendizaje. Nuestro papel debe centrarse en crear las condiciones adecuadas para que el alumnado quiera aprender, generando contextos que despierten su interés y acompañando el proceso de principio a fin. Trabajar en equipo, dar espacio para la toma de decisiones y confiar en los talentos naturales del alumnado es clave para que desarrollen todo su potencial creativo.
En definitiva, la FP necesita tiempo para hacer las cosas bien. Y solo las pequeñas decisiones que tomamos cada día en el aula las que realmente la transforman. Quizás el primer paso no sea cambiarlo todo, sino dejar de quedarnos en el «esto es lo que hay» y comenzar a construir juntos otra forma posible de entender la Formación Profesional.
Yo ya he decidido iniciar esta transformación para cursos venideros. Y a ti, ¿se te ocurre otra forma de flexibilizar la FP? Espero tus opiniones y propuestas sobre este tema.
Referencias:
Robinson, K., y Aronica, L. (2015). Escuelas creativas: La revolución que está transformando la educación. Grijalbo.
